El ciclamen adora la luz, pero no tolera los rayos solares intensos. En cuanto al riego, durante la floración requiere abundante humedad, pero sin exceso de agua. En reposo vegetativo, riegue con moderación, asegurándose de que la tierra no se seque. Como con la mayoría de las flores, utilice agua estancada. En este sentido, el cuidado del ciclamen es similar al de las violetas, sobre las que también hemos escrito.

Riega el ciclamen con cuidado para que no se pudra.
Las temperaturas frescas son beneficiosas para la planta. Puede mantenerse a unos 16 grados Celsius y prosperará. Por lo tanto, sería buena idea trasladarla pronto al balcón. Si esto no es posible, procure que la temperatura no supere los 23 o 24 grados Celsius.
Esta flor necesita aire fresco, por lo que es fundamental ventilar la habitación donde se encuentra. Pero evite las corrientes de aire.
¡No rocíes ciclamen con agua! Si el agua cae sobre los brotes o las flores, ¡podría morir!
Pero aquí va un consejo: si no puedes proporcionarle a la planta una temperatura agradable, rocía el aire a su alrededor con un pulverizador; esto beneficiará al ciclamen. Las piedrecitas húmedas o la arcilla expandida son otra excelente opción para ayudar a la planta a sobrevivir al calor.
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